Deseo sexual

¿Somos diferentes hombres y mujeres?

El deseo según alguna definición sería: “interés o apetencia que una persona tiene por conseguir la posesión o la realización de algo”. Es un anhelo, sentir apetencia, aspirar a tener o sentir algo. Y como respuesta tenemos un movimiento afectivo o impulso para conseguirlo.

Cuando deseamos a alguien, entonces podemos hablar del deseo sexual. El deseo forma parte de la respuesta sexual, y en concreto las mujeres (o al menos la mayor parte de nosotras) y algunos hombres tienen una respuesta sexual cíclica.

 

En las mujeres el deseo sexual va a depender y fluctuar dependiendo del momento hormonal en el que nos encontremos, no debemos olvidar que somos cíclicas. Puede estar influenciado por determinados fármacos, enfermedades, sistema endocrino, por factores relacionales (cómo estemos con nuestra pareja), por estrés, factores vitales (por ejemplo la maternidad), y un largo etcétera.

Como vemos en el anterior esquema existen dos tipos de deseo, y esto muchas veces es la clave para entender cómo funcionamos las mujeres.

Tenemos un deseo primario o espontáneo, también se le llama activo. Es el que surge simplemente por pensar o tener delante el objeto/persona que anhelamos. De repente lo vemos y nos apetece tener relaciones sexuales. Este tipo de deseo es el que principalmente se encuentra en la fase de enamoramiento, y suele anteceder a la excitación. Los hombres suelen mantener este tipo de deseo primario siempre.

Y luego está el deseo secundario o reactivo. Aparece después de que nuestra pareja nos estimule, nos toque, nos hable de una determinada manera que enciende algo en nosotras, primero nos excitamos y luego aparecería este deseo de tener relaciones. Es el que está presente en las mujeres con relaciones de pareja de larga duración y en algunos hombres también.

Para que podamos entender este tipo de deseo podemos usar un símil con la comida. Después de una cena copiosa en un gran restaurante, viene el camarero y os pregunta si queréis algo de postre. Puede que en ese momento no desees nada dulce (ni te entre, jajaja); pero tu pareja se pide una super tarta de chocolate. Cuando la tienes delante y ves la cara de tu pareja cuando la prueba, y entonces coges la cucharita que estratégicamente te ha dejado el camarero y la hundes en la tarta. Entonces tu acompañante te dice “pero, no decías que no te apetecía?”. Y respondes “hasta que no la he tenido delante no sabía lo mucho que me apetecía esta tarta de chocolate”.

Un poco lo mismo pasaría en la intimidad, es muy probable que tu chico tenga muchas ganas de estar contigo (deseo primario), pero tú has discutido con tu jefe, tienes un montón de curro atrasado, el fin de semana es el cumpleaños del pequeño y habéis invitado a toda la clase, y tienes que terminar el disfraz del mayor para mañana. En tu mente no hay espacio para pensar en sexo; peeero si tu pareja es hábil, sabe lo que te pone, te toca bien, te dice las cosas que te gusta oir (y encima se pone él a hacer el disfraz del niño) entonces puedes excitarte y después desearle locamente (deseo sexual reactivo).

La clave para que se despierte ese deseo sexual es que primero nosotras nos conozcamos bien y sepamos qué es lo que nos pone, para poder comunicárselo a nuestra pareja, enseñarle a tocarnos, y por supuesto permitirnos sentirlo.

AUTOCONOCIMIENTO + COMUNICACIÓN+ PERMISIVIDAD  ……. DESEO SEXUAL REACTIVO

El deseo sexual reactivo o secundario depende de nosotras, el placer está en nuestro interior. Al no ser espontáneo no depende tanto de las hormonas o de la fase de enamoramiento, depende de nosotras mismas, de nuestra capacidad de desarrollar nuestra sensualidad. De erotizar nuestras vidas… Y ¿cómo hacer esto? Pues tendrás que esperar al siguiente post 🙂

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